A todo aquel que se esmere por corregir, éste es el lugar de los errores:
Las gotas de agua chocaban contra el cristal de la ventana, el estaba
alli dentro, sentado en su escritorio de roble antiguo, la habitación
estaba iluminada con la tenue luz que despedian las velas, estaba
sobrecargada con un denso humo provocado por los incontables cigarrillos
que el sujeto había fumado. Sobre la mesa reposaba un vaso ancho lleno de
Whisky, papeles, alguna que otra botella de tinta vacía...
Los pocos muebles, hacían que el lugar fuese frío y la tos del individuo
provocaba un eco tenebroso.
Tenía cerca de treinta años, pasaba las noches escribiendo, no poseía más
que una pensión que le daba para poder mantener aquel ático mugriento y
comer en el restaurante que se encontraba debajo del piso.

sábado, 20 de marzo de 2010